Hablemos con nuestras ropas puestas,
Con la luz encendida, en el armario.
Hablemos con el placer milenario,
con los sabios, con las ansias muertas.
Hablemos con todas las caricias
de nuestros jadeos, de los abrazos;
con los murmullos, de las ausencias
que salen casi siempre en pedazos.
Hablemos de los momentos vividos,
Como también de aquellos deseados,
de los hermosos ojos en verano
que atraen el pasado, el paisano.
No Solo hablemos con nuestras manos,
Hablemos con estos cuerpos insanos.
Dejemos que sea el disfrute cuando,
con rapidez nos estemos amando.
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